

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo.
Amén.
ACTO DE CONTRICCIÓN
Dulce Jesús de mi vida, prenda de mi corazón, a tus pies yo me arrodillo y te pido perdón, te pido de penitencia me des la absolución, por si este día, esta noche, me muero; me sirva de confesión.
Que el padre me dé su gracia, y el hijo su bendición, que la Santísima Virgen María me conforte, por si a la hora de mi muerte no puedo pedir perdón, ahora te lo pido con un acto de contrición:
Jesús, mi Señor y Redentor: Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón, porque con ellos, ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que, por tu infinita misericordia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.
Amén.
✦ ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Arcángel san Miguel, príncipe de todos los coros angélicos, humildemente te venero, te admiro por todas las gracias que te ha dado Dios y por eso justamente la santa Iglesia te venera como primer ministro del paraíso. Por lo tanto, sea alabada la Santísima Trinidad que, en premio de la fiel constancia te elevó a tal altura de gloria; sea también bendita tu caridad que nos complace de ser nuestro benefactor durante la vida, el más grande defensor en el momento de la muerte, y alivio en las mismas llamas del purgatorio. Oh Arcángel san Miguel, yo me ofrezco completamente a tu servicio. Considérame entre el número de tus devotos, dame la gracia de no caer nunca en pecado. Ilumíname por medio de mi santo Ángel de la Guarda, para que pueda caminar con perseverancia por el camino del santo temor y amor a Dios.
Protege mi casa, extiende tu patrocinio sobre mi familia, sobre mis parientes, amigos, benefactores y convierte a mis enemigos.
Humildemente te suplico, por el amor que das a tu gran reina, María Santísima, me concedas esta gracia (pedir la gracia), para que, consolado por tu piedad, pueda estar acompañado por ella misma ante el tribunal de Dios y llegar a ser ciudadano del cielo, donde alabaré en eterno a la Santísima Trinidad, con Jesús y María y tú gran Príncipe de los Ángeles san Miguel.
Amén.
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📜 GOZOS
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Tú, General de los cielos,
guardián valiente y sin par,
guarda con furia y con celo
el honor y la verdad.
Protégenos amoroso,
regálanos tu fervor.
¡Oh Miguel fuerte y celoso!,
ayúdanos por favor.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Cuando aceche el enemigo,
procurando mi caída,
sé mi defensor y amigo,
feroz guardián de mi vida.
Cólmame con tu ventura,
apártame del error,
haz mi alma fuerte y segura
en la verdad y el amor.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Tú qué sabes de combates
y que sales triunfador,
ayúdame en la batalla,
contra el vil engañador.
Conserva en gracia mi alma,
y mi mente en el Señor.
Haz que viva en paz y calma
y humilde de corazón.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Del ejército celeste,
eres el jefe y señor,
y, de Dios inmarcesible
el más leal servidor.
Enséñame a amar así,
con ese arrojo y fervor,
para amar al bienamado,
siendo su orgullo y honor.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Protege a la Iglesia santa,
que suspira en el dolor,
pues la indiferencia es tanta
que hasta gime el redentor,
con su Sangre derramada
en su derroche de amor,
mientras el mal se agiganta,
sin sospechar del error.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Con tu espada victoriosa,
defiende nuestras familias,
pues la mentira insidiosa
las socava y las mancilla.
Ahuyenta de los esposos
la inmundicia de asmodeo,
pues vanos y lujuriosos,
muchos se van al infierno.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Mira los niños del mundo:
son la esperanza de Dios.
No permitas que el inmundo
los aparte del Señor.
Y, para los sacerdotes:
tu protección especial,
aplica todos tus dotes,
para librarlos del mal.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Con la humanidad entera
protege la creación,
consuélanos en la espera
de la purificación.
Santidad hecha fiereza,
celoso guardián de Dios
líbranos de la tibieza,
para adorarlo con vos.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
Protege a la Iglesia santa
en tan acerbo momento,
para que no se mancille
el Santísimo Sacramento.
A la Virgen soberana
implórale su favor,
para que borre el pecado
y lleguemos al Señor.
"Quién como Dios!", es tu grito que somete al tentador.
Haz mi corazón contrito para rendirme al Señor.
✦ ORACIÓN FINAL
Consagración de sí mismo a san Miguel Oh Arcángel san Miguel, postrado en espíritu delante de tu altar, yo te reconozco eterno defensor de los derechos de Dios, en el cielo y en la tierra; custodio y patrón universal de la Iglesia católica, luz y guía de los santos, de los sumos pontífices, de los misioneros y de todos aquellos que luchan por la fe de Jesucristo. Humildemente te suplico que aceptes mi consagración a tu celestial persona.
Te elijo mi príncipe, soberano y guía en la lucha contra Satanás y contra el mal, contra el pecado, el odio y las tinieblas. A ti te consagro mi persona, mi cuerpo con todos sus sentidos, mi alma con sus facultades, mi familia, mis bienes externos, presentes y futuros, en una palabra, todo lo que me pertenece y es querido. Por mi parte te prometo que defenderé siempre y en toda circunstancia con valentía bajo el estandarte de la Cruz, renovando tu grito:
"¿Quién(es) como Dios?", afirmando contra el enemigo del bien mi firme voluntad de defender, amar y hacer conocer el santo nombre de Dios, de María, de san José y tu glorioso nombre, oh san Miguel.
Me esforzaré por vencer al mal con el bien, amar a Dios y al prójimo y observar fielmente los mandamientos de Dios y los preceptos de la santa Iglesia católica romana.
Te suplico que me bendigas, me defiendas, me cuides, oh Arcángel san Miguel, y que pongas mi nombre en el libro eterno de la vida beatífica. Tú que eres el que aquilata y presentas a las almas a Dios. Tú que eres el primer príncipe del paraíso, ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte. Me propongo rezar cada día la oración del sumo pontífice León XIII a tu celestial persona.
Somos miserables peregrinos en la tierra, pero somos tus devotos. Oh san Miguel Arcángel, ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla;
sé nuestro amparo contra la perversidad
y asechanzas del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú, príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno, con el divino poder,
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.
—compuesta por León XIII en 1886—
BENDICIÓN FINAL
† Dulce Madre, no te alejes, tu vista de nosotros, no apartes, ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes; y ya que nos amas tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga: el Padre, el Hijo ✠, y el Espíritu Santo. Amén.