Lectura del día

Novena Corazon de Jesus


Novena al Sagrado Corazón de Jesús.

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICCIÓN

Dulce Jesús de mi vida, prenda de mi corazón, a tus pies yo me arrodillo y te pido perdón, te pido de penitencia me des la absolución, por si este día, esta noche, me muero; me sirva de confesión.
Que el padre me dé su gracia, y el hijo su bendición, que la Santísima Virgen María me conforte, por si a la hora de mi muerte no puedo pedir perdón, ahora te lo pido con un acto de contrición:

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Corazón amabilísimo de Jesús, asiento del Verbo infinito! inflama mi voluntad para que corrigiendo mi frialdad e imperfecciones, se abrase en ese fuego divino que arde en Tí mismo; y dame la gracia de resarcir las injurias hechas contra Tí, ¡Oh amante Corazón! Y concédeme el favor que te pido, si te agrada.
Amén

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Primero | 3 de Junio

Consideración para el día primero: El Corazón de Jesús arde de amor por ti

Para serte agradecido y reparar mi infidelidad, ¡oh amable Jesús mio!, te doy mi corazón y enteramente me consagro a Tí, y con toda tu ayuda propongo nunca más pecar.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón eterno del Verbo Encarnado

Sagrado Corazón de Jesús, Corazón eterno del Verbo hecho carne, antes de latir en el silencio de Nazaret ya eras amado infinitamente por el Padre; antes de estremecerte en el pesebre de Belén ya eras el objeto de las complacencias eternas de la Trinidad; antes de derramar tu sangre sobre la Cruz ya ardías desde siempre en aquel océano de amor que es la vida íntima de Dios.

Hoy quiero acercarme a Ti con reverencia y asombro. No vengo solamente a contemplar un símbolo piadoso ni una imagen venerable heredada de mis mayores: vengo a contemplar tu Amor.

Tú eres el Corazón humano de Dios. En Ti ha latido el amor filial más perfecto que jamás ha existido. En Ti ha encontrado expresión humana la adoración infinita del Hijo hacia el Padre. En Ti se han unido, sin confundirse, la ternura de un corazón de carne y los abismos insondables de la caridad divina.

Corazón de Jesús, cuando pienso en Ti, comprendo que no soy fruto del azar ni una hoja arrastrada por los vientos de la historia: he sido pensado, querido y amado desde toda la eternidad. Antes de que mi madre pronunciara mi nombre, Tú ya lo conocías; antes de que yo pudiera buscarte, Tú ya me habías encontrado; antes de que yo te amara, Tú me habías amado primero.

Cuántas veces he buscado apoyo en corazones humanos que, siendo buenos, eran demasiado pequeños para llenar mi sed de infinito. Cuántas veces he mendigado comprensión, afecto, seguridad o consuelo allí donde todo era necesariamente frágil y pasajero. Sin embargo, desde el principio, eras Tú quien me aguardaba. Tú estabas detrás de todas mis búsquedas y todas mis nostalgias. Tú eras el secreto de toda mi hambre de felicidad. Hazme comprender, Señor, que el corazón humano sólo encuentra reposo cuando descansa en tu Corazón. Arranca de mí la ilusión de buscar fuera de Ti la plenitud que únicamente puede venir de Ti.

Que al comenzar esta novena no me quede en las orillas de la devoción, sino que me adentre en sus profundidades. Hazme descender hasta ese santuario escondido donde arde la llama eterna de tu amor.

Y cuando experimente el cansancio de mis luchas, la pobreza de mis virtudes, el peso de mis años o la tristeza de mis fracasos, recuérdame que existe un lugar donde siempre seré esperado: tu Corazón. Ese Corazón que me conocía antes de la creación del mundo, que me amó antes de mi primer pálpito y seguirá amándome cuando el último latido de mi corazón haya callado para siempre en esta tierra.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Segundo |4 de Junio

Consideración para el día segundo: La cruz y el Sagrado Corazón

¡Oh Corazón clementísimo de Jesús, centro del Divino Amor y puerta de Paraiso celestial, por la cual entramos para llegar a Dios! intercede ente el Eterno Padre para que nos de sus bendiciones celestiales y la gracia de reparar los ultrajes hechos contra Tí, ¡Oh amante Corazón! Y la gracia que te pido, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón escondido de Nazaret

Sagrado Corazón de Jesús, hoy quiero buscarte lejos de los caminos de Galilea, lejos de las multitudes que te seguían, lejos de las aclamaciones del Domingo de Ramos y lejos también de las tinieblas del Calvario: quiero encontrarte en Nazaret; quiero acercarme a aquellos años silenciosos que el Evangelio apenas menciona y que, sin embargo, ocupan la mayor parte de tu vida terrena. Treinta años de ocultamiento, de vida ordinaria. Treinta años durante los cuales el Redentor del mundo pareció no hacer nada extraordinario. Y, sin embargo, allí estaba creciendo la salvación del mundo; allí latía el Corazón que un día habría de conmover a los pecadores, sostener a los mártires, consolar a los afligidos y atraer a los santos; allí aprendo que el amor de Dios se manifiesta, más que en los grandes acontecimientos, en la humilde fidelidad de cada día.

Te contemplo, Señor, atravesando las calles estrechas de aquella pequeña aldea. Te veo inclinado sobre el banco de trabajo. Te imagino empuñando las herramientas del artesano y te veo regresando al hogar cuando cae la tarde. Y mientras el mundo ignora tu presencia, los cielos contemplan maravillados el espectáculo más hermoso de la historia: Dios viviendo una vida humana común.

Cuántas veces he deseado acontecimientos extraordinarios para sentirte más cerca, he pensado que la santidad consiste en hacer cosas grandes, visibles o admirables. Hoy tu Corazón me responde desde Nazaret: me enseña que el amor verdadero crece en silencio, que las raíces trabajan ocultas bajo la tierra, que las estrellas no hacen ruido, que el trigo madura lentamente, que los santos suelen parecer personas corrientes.

Corazón de Jesús, escondido durante treinta años, cura en mí la enfermedad de la prisa, esta necesidad constante de resultados inmediatos, esta impaciencia que tantas veces me roba la paz. Enséñame a comprender que las horas oscuras tienen sentido, que los días repetidos son fecundos y los trabajos humildes pueden ser eternos cuando se realizan por amor.

Cuánto teme el hombre moderno el silencio: corre de un ruido a otro, llena su vida de imágenes, noticias, conversaciones y distracciones; tiene miedo de quedarse a solas consigo mismo porque quizá entonces te escucharía. Pero tu Corazón eligió el silencio: Nazaret fue una escuela de silencio, de obediencia, de trabajo, de amor escondido. Y allí estabas Tú, creciendo en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres.

Quisiera entrar hoy en aquella casa bendita, sentarme humildemente en un rincón, escuchar el ruido de las herramientas, contemplar la lámpara encendida al caer la noche, ver a María recogida en oración y a José trabajando con manos fuertes y corazón limpio. Y contemplarte a Ti, corazón de mi Jesús, viviendo «el terrible cotidiano».

Haz que yo descubra la belleza de las pequeñas cosas y aprenda a santificar los deberes de cada día. Que no desprecie nunca las tareas humildes. Que no busque continuamente ser visto, comprendido o reconocido: que me baste tu mirada. Si Nazaret te bastó a Ti durante treinta años, también puede bastarme a mí.

Jesús, escondido y silencioso, haz mi corazón semejante al tuyo. Y cuando llegue la hora de las pruebas, de las contradicciones o de las aparentes esterilidades de mi vida, recuérdame aquellos años fecundos de Nazaret, de los que apenas quedó una línea en el Evangelio. Corazón de mi Jesús, enséñame el heroísmo de la fidelidad oculta, la santidad de lo ordinario, el secreto de Nazaret.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Tercero | 5 de Junio

Consideración para el día tercero: El Corazón de Jesús, un tesoro de ternura

¡Oh Dulcísimo Corazón de Jesús, tesoro de la verdadera sabiduría y océano de bondad! Concédeme la luz necesaria para seguir el camino del cielo, y que beba yo del agua dulce y saludable de la verdera virtud, que apaga la sed de las cosas temporales. Dame la gracia de resarcir las injurias hechas contra Tí, ¡Oh amante Corazón! Y la gracia que te pido.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón compasivo de Cristo

Sagrado Corazón de Jesús, hoy quiero contemplarte recorriendo los caminos de Galilea y de Judea, acercándote a los hombres con la sencillez de quien viene a servir y no a ser servido. Al meditar los años de tu vida pública descubro que hay una palabra que resume de manera admirable tu paso por este mundo: compasión. Todo parece encontrar eco en tu Corazón. Ninguna lágrima te resulta extraña, ninguna herida te deja indiferente, ninguna miseria humana tropieza con la barrera de tu rechazo.

Te conmueve la viuda de Naín que camina detrás del féretro de su único hijo. Te conmueve el leproso que, venciendo el miedo y la vergüenza, se arrodilla ante ti suplicando ser limpiado. Te conmueve la multitud hambrienta que te sigue por los caminos olvidándose incluso de comer. Te conmueve el llanto de Marta y de María junto al sepulcro de Lázaro. Te conmueve el desconcierto de los discípulos, la debilidad de Pedro, la soledad de Zaqueo, la vergüenza de la mujer pecadora y la angustia de tantos hombres y mujeres que encuentran en tu mirada algo que nunca habían hallado en ninguna otra parte: la certeza de ser amados.

Corazón de mi Jesús, qué diferente es tu compasión de la mía: yo me acerco al sufrimiento como espectador, Tú entras en él como Salvador; yo observo las heridas, Tú las haces tuyas; yo siento lástima un momento, Tú amas hasta el extremo. Tu compasión no consiste solamente en sentir el dolor de los demás, sino en cargarlo sobre tus hombros y llevarlo hasta la Cruz para redimirlo. Por eso los pobres se acercaban a ti sin temor; los pecadores encontraban valor para ponerse en pie; los enfermos y los olvidados experimentaban junto a Ti una dignidad nueva. En tu Corazón descubrían que Dios no es un juez lejano que vigila desde las alturas, sino un Padre cercano que conoce el cansancio, las lágrimas, la soledad y el sufrimiento de sus hijos.

Sagrado Corazón de Jesús, al contemplarte siento vergüenza de la dureza que tantas veces anida en mi alma. Vivo rodeado de personas cuyas luchas desconozco, cuyos sufrimientos ignoro y cuyas heridas apenas percibo. Con frecuencia paso junto al dolor ajeno sin detenerme; escucho sin comprender, miro sin ver y juzgo sin haber amado suficientemente. Por eso hoy te pido que transformes mi corazón a imagen del tuyo.

Enséñame a mirar como tú mirabas. Dame unos ojos capaces de descubrir la tristeza escondida detrás de una sonrisa, el cansancio oculto bajo una apariencia serena y la necesidad de afecto que tantas veces se disimula bajo actitudes difíciles o ásperas. Líbrame de la indiferencia que enfría el alma y de ese egoísmo sutil que me lleva a ocuparme demasiado de mí mismo.

Haz que aprenda de ti la delicadeza con que tratabas a los débiles, la paciencia con que soportabas las limitaciones de los tuyos, la ternura con que acogías a quienes todos rechazaban y la misericordia con que levantabas a los que habían caído. Que nunca me acostumbre al sufrimiento de mis hermanos ni considere normal la tristeza de quienes me rodean. Que sepa detenerme, escuchar, acompañar y consolar.

Y cuando sea yo quien atraviese la noche de la prueba, cuando me visite la enfermedad, la decepción, la soledad o el fracaso, hazme recordar que existe un Corazón que conoce desde dentro todas las penas humanas porque las ha cargado sobre sí. Un Corazón que no contempla mis lágrimas desde lejos, sino que las recoge una por una. Un Corazón que jamás se cansa de esperar, de perdonar y de amar.

Sagrado Corazón de Jesús, fuente inagotable de misericordia, haz que encuentre siempre refugio en Ti. Que nunca dude de tu amor cuando me falten las fuerzas, ni de tu cercanía cuando todo parezca oscuro. Y ya que has querido revelar al mundo la inmensa ternura de Dios a través de tu Humanidad santísima, permite que mi vida refleje, aunque sea de lejos, algo de la bondad, de la compasión y de la misericordia que arden eternamente en tu Corazón bendito.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Cuarto | 6 de Junio

Consideración para el día cuarto: Sagrado Corazón Espinado de Jesús

¡Oh Corazón amorosísimo de Jesús, puerta del cielo y casa de Dios, en quien brilla toda perfección! Concédeme que yo aspire a formar mi corazón a tu semejanza, para contemplarte dignamente, y dáme gracia para desagraviarte de las injurias que has recibido en el Santísino sacramento, y la gracia que te pido en esta novena.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón amigo de los pecadores

Corazón de mi Jesús, al contemplar los Evangelios descubro una de las realidades más hermosas de Tu vida terrena: la facilidad con que los pecadores se acercaban a Ti. Los hombres considerados justos te observaban con recelo; los escribas discutían Tus palabras; los doctores de la Ley examinaban cada uno de Tus gestos. Sin embargo, aquellos que llevaban sobre la conciencia el peso de sus errores, los que arrastraban una vida rota o una reputación perdida, parecían encontrar sin esfuerzo el camino hasta Tu presencia.

Es conmovedor: quienes más motivos tenían para temer el juicio de Dios eran precisamente los que se sentían acogidos por Ti. La mujer pecadora entra en casa del fariseo y se arroja a Tus pies bañándolos con lágrimas. Zaqueo, encaramado a un árbol como un niño curioso, escucha cómo pronuncias su nombre y decides hospedarte en su casa. Mateo abandona la mesa de los impuestos para seguirte. La samaritana descubre junto al pozo que alguien conoce toda su vida sin despreciarla. El buen ladrón encuentra abiertas las puertas del Paraíso cuando ya parecía no quedar esperanza para él.

Todo ello me habla de Tu Corazón. No porque fueras indulgente con el pecado, sino porque amabas al pecador. No porque consideraras insignificante el mal, sino porque habías venido precisamente para destruirlo. No porque rebajaras las exigencias de la santidad, sino porque sabías que sólo el amor puede levantar verdaderamente al hombre caído.

Cuántas veces he imaginado a Dios demasiado parecido a mis propios temores, proyectando sobre Ti mis estrecheces, durezas e impaciencias. Cuando me enfrento a mis faltas, cuando experimento la pobreza de mis virtudes o la repetición de mis debilidades, fácilmente me asalta la tentación de pensar que Tu paciencia debe de estar agotándose, que Tu mirada se habrá vuelto severa o que Tu misericordia tendrá finalmente un límite.

Pero entonces vuelvo a los Evangelios y encuentro una realidad muy distinta. Descubro a un Pastor que sale en busca de la oveja perdida, a un Padre que corre al encuentro del hijo pródigo, a un Médico que se inclina sobre los enfermos sin mostrar disgusto por sus heridas. Descubro, sobre todo, un Corazón que parece sentirse irresistiblemente atraído por toda miseria humana que se abre sinceramente a la gracia.

No permitas que olvide nunca esta verdad, Señor. El enemigo de nuestras almas intenta convencernos de que el pecado debe alejarnos de Ti, cuando precisamente es la razón por la que más necesitamos acercarnos. Quiere hacernos creer que nuestras caídas constituyen un obstáculo insalvable para Tu amor, cuando en realidad son una llamada más urgente a refugiarnos en Tu misericordia.

Miro mi propia vida y descubro cuántas veces has tenido paciencia conmigo. Tú conoces las ocasiones en que he respondido generosamente a Tus inspiraciones y también aquellas en las que he sido tibio, distraído o infiel. Has visto mis propósitos sinceros y mis incoherencias. Has contemplado mis luchas ocultas, mis derrotas silenciosas y mis arrepentimientos más hondos. Nada de ello Te ha sido desconocido. Y, sin embargo, continúas llamándome.

Tu amor no se parece al nuestro. Nosotros nos cansamos, nos decepcionamos fácilmente, dejamos de esperar cuando los resultados tardan en llegar. Tú, en cambio, trabajas con la paciencia de quien ve la eternidad, sigues golpeando suavemente la puerta del alma, sembrando gracia donde apenas se perciben frutos, esperando el momento en que el corazón humano, cansado de buscar lejos de Dios, regrese finalmente a la casa del Padre.

Por eso quiero acercarme hoy a Ti sin máscaras ni excusas. No tengo necesidad de aparentar delante de Ti una virtud que no poseo ni una perfección que no existe. Tu mirada atraviesa todas las apariencias y alcanza el fondo mismo del alma. Allí donde los demás sólo perciben fragmentos, Tú contemplas la verdad completa de mi vida. Y precisamente porque la conoces entera, Tu misericordia resulta todavía más admirable.

Haz que nunca desespere de mí mismo ni de los demás. Que jamás considere definitivamente perdida a ninguna persona mientras respire sobre ella el aliento de la vida. Enséñame a mirar a quienes han caído con algo de la compasión con que Tú los mirabas. Líbrame de la soberbia de los que se creen sanos y de la dureza de los que olvidan cuánto han sido perdonados.

Cuando llegue el día en que comparezca ante Ti, no podré presentar otra cosa que mi pobreza. Pero precisamente entonces espero encontrarme con el mismo Corazón que acogió a la Magdalena, que llamó a Mateo, que perdonó a Pedro y que abrió el Paraíso al ladrón arrepentido. El mismo Corazón que continúa buscando a los hombres a través de los siglos y que no se resigna a perder a ninguno de aquellos por quienes derramó Su Sangre.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Quinto | 7 de Junio

Consideración para el día quinto: Sagrado Corazón de Jesús, el camino de la compasión

¡Oh humildísimo Corazón de Jesús, sumergido de amargura en medio de las ofrendas, dolores y angustias de tu Pasión! Dame que yo sufra las penas de esta vida con resignación y la gracia de reparar los aprobios que los hombres han repetido contra Tí, ¡Oh amante Corazón! Y la gracia que te pido en esta novena para mayor gloria de Dios y bien de alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón eucarístico de Cristo

Corazón de mi Jesús, al llegar ante el Sagrario tengo la impresión de acercarme al umbral de uno de los misterios más conmovedores de Tu amor. Si Belén fue el abajamiento de Dios que quiso hacerse hombre y el Calvario fue el abajamiento de Dios que quiso morir por los hombres, la Santa Misa y el Sacramento del altar son el abajamiento de Dios que ha querido quedarse para siempre entre sus hijos.

A veces pienso que nos hemos acostumbrado demasiado a este prodigio. Las cosas más grandes son precisamente las que corren el riesgo de parecernos normales. Entramos en una iglesia, hacemos una genuflexión distraída, encendemos una vela, pronunciamos una oración apresurada y seguimos nuestro camino. Sin embargo, detrás de la humilde puerta de un Sagrario se encuentra escondido el mismo Jesús que caminó por Galilea, el mismo que lloró ante la tumba de Lázaro, el mismo que fue transfigurado en el Tabor, el mismo que murió en la Cruz y resucitó glorioso la mañana de Pascua. ¡Allí estás Tú! No una imagen, no un recuerdo, no una evocación piadosa, sino tu Corazón, vivo y verdadero, con aquella Humanidad santísima que recibiste de María Virgen y con aquella divinidad eterna que compartes con el Padre y el Espíritu Santo desde antes de todos los siglos.

Y lo que más me conmueve no es sólo Tu presencia, sino el modo en que has querido permanecer entre nosotros. No has elegido los palacios de los reyes ni las cumbres inaccesibles de las montañas. No has reservado Tu compañía para los sabios, los poderosos o los privilegiados. Has preferido el silencio de las iglesias, la penumbra de las capillas, la pobreza de tantos templos rurales donde apenas unas pocas personas se arrodillan cada día ante Ti.

Permaneces esperando: al sacerdote que celebra la Santa Misa, al anciano que entra lentamente apoyado en su bastón, a la madre que viene a rezar por sus hijos, al joven que busca una luz para su camino, al pecador que regresa después de muchos años. Esperas incluso a quienes pasan junto a Tus iglesias sin sospechar siquiera que Tú estás allí. Esa paciencia Tuya, Señor, constituye uno de los milagros más admirables de la historia.

Vivimos en un mundo acelerado, nervioso, incapaz de esperar. Todo debe ser inmediato, debe producir resultados visibles, responder a nuestras exigencias. Y mientras nosotros nos agitamos continuamente, Tú permaneces inmóvil en el Sagrario, enseñando silenciosamente la fidelidad de Dios.

Pienso en las innumerables horas que has pasado solo, en las iglesias cerradas, en los templos vacíos, en los Sagrarios olvidados. Pienso en las generaciones enteras que han encontrado consuelo ante Tu presencia silenciosa: santos, mártires, contemplativos, madres de familia, ancianos, niños, pobres, enfermos, pecadores arrepentidos y almas sencillas han acudido durante siglos a confiarte sus alegrías y sus penas. Todos han encontrado algo en Ti porque en realidad te han encontrado a Ti mismo.

Ante el Sagrario desaparecen muchas complicaciones. Allí las grandes teorías dejan paso a la amistad. Allí las inquietudes encuentran una perspectiva distinta, en la relación viva con Tu Corazón. Por eso quisiera aprender a visitarte más y a hablarte mejor, recuperar el arte de permanecer en silencio ante Ti sin prisas y sin ansiedad. Vivimos rodeados de palabras, de imágenes y de ruidos, mientras Tú sigues comunicándote desde el silencio.

Cuántas decisiones equivocadas habríamos evitado si hubiéramos rezado más delante del Sagrario. Cuántas heridas se habrían curado antes. Cuántas dudas se habrían aclarado. Cuántas tristezas habrían perdido fuerza. Cuántas vocaciones habrían florecido. No porque Tú concedas siempre lo que esperamos, sino porque transformas lentamente el corazón de quien permanece junto a Ti.

Hazme comprender que la verdadera adoración no consiste sólo en visitarte durante unos minutos, sino en dejar que Tu presencia vaya modelando toda mi vida. Que mi manera de pensar, de hablar, de trabajar, de sufrir y de amar quede poco a poco impregnada por la cercanía de Tu Corazón.

Y cuando llegue el día en que ya no pueda hacer grandes cosas, cuando las fuerzas disminuyan y las capacidades humanas se vayan apagando, concédeme conservar al menos esta riqueza inmensa: la de saber permanecer junto a Ti como un amigo junto a otro amigo, descansando en silencio bajo la mirada de Aquel que nunca deja de amar.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Sexto | 8 de Junio

Consideración para el día sexto: Vida que brota de un Corazón herido.

¡Oh Corazón tiernísimo de Jesús, fuente perenne de misericordias y gracias, por cuyos méritos se alcanza la perfecta contrición! Dame un verdadero dolor de todas las culpas con que en toda mi vida te he ofendido, ¡Oh amante Corazón! Y concédeme la gracia que te pido, en esta novena para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón traspasado en la Cruz

Corazón de mi Jesús, al contemplarte elevado sobre la Cruz descubro el lugar donde el amor de Dios ha pronunciado su palabra definitiva sobre la historia humana. Desde aquella altura no hablas principalmente con discursos ni con parábolas: hablan Tu sangre, Tus llagas, Tu silencio. Habla, sobre todo, ese Corazón bendito que, después de haber amado durante toda una vida terrena, ama hasta el extremo.

Ninguna inteligencia humana logrará abarcar plenamente lo que sucedió aquella tarde en la cima del Gólgota. Allí se encontraron la miseria del hombre y la misericordia de Dios; allí se abrazaron la justicia y la paz; allí el odio descargó toda su violencia y el amor respondió entregándose sin reservas. Mientras el mundo veía a un condenado que agonizaba, el Padre contemplaba al Hijo que se ofrecía libremente por la salvación de sus hermanos.

Tu muerte no fue una derrota inesperada ni un accidente trágico de la historia. Cada paso de Tu vida caminaba hacia aquella hora. Habías venido precisamente para eso. El Buen Pastor debía entregar la vida por las ovejas. El grano de trigo tenía que caer en tierra y morir para dar fruto abundante. El Cordero debía ser inmolado para que los hijos dispersos de Dios pudieran volver a reunirse.

Y, sin embargo, cuando me detengo ante la Cruz, no son solamente los grandes misterios de la redención los que conmueven mi alma. Me impresiona también la inmensa soledad que rodea Tus últimos momentos. Los gritos de la multitud se apagan poco a poco; los discípulos han huido casi todos; la noche comienza a descender sobre Jerusalén. Sólo permanecen junto a Ti unas pocas figuras silenciosas: Tu Madre, el discípulo amado, algunas santas mujeres.

Qué insondable debió de ser entonces el sufrimiento de Tu Corazón. Conocías la ingratitud de tantos que habían recibido Tus beneficios. Veías la indiferencia de generaciones futuras que vivirían como si Tu sacrificio jamás hubiera existido. Contemplabas los pecados de todos los tiempos y también los míos. Nada de cuanto habría de suceder a lo largo de la historia estaba oculto a Tu mirada. Y, sin embargo, permaneciste: no descendiste de la Cruz ni retiraste Tu ofrecimiento; no cerraste Tu Corazón. Seguiste amando.

Tu amor supera toda medida humana. Nosotros amamos mientras somos correspondidos, nos entregamos mientras no nos hieren demasiado, perseveramos mientras las decepciones no resultan excesivas. Tu amor, en cambio, atravesó el abandono, la traición, la injusticia, la incomprensión y el sufrimiento sin dejar de ser amor. Por eso la Cruz no es únicamente el signo de Tu dolor. Es el trono desde el cual reina la caridad divina.

Cuántas veces he mirado mis propias cruces con rebeldía, he preguntado por qué determinadas pruebas entraban en mi vida, he deseado un camino más fácil, más cómodo y menos exigente. Pero cuando elevo la mirada hacia Ti comprendo que el sufrimiento, sin dejar de ser sufrimiento, puede transformarse en un lugar de encuentro contigo.

No porque el dolor sea bueno en sí mismo, sino porque Tú has entrado en él y lo has convertido en instrumento de redención. Desde entonces ninguna lágrima está completamente sola. Ninguna herida carece de sentido. Ninguna noche es absolutamente oscura. Siempre existe una Cruz donde el Hijo de Dios ha pasado antes que nosotros.

Enséñame, Señor, a mirar el Crucifijo de otra manera. Que no vea en él una costumbre heredada ni un simple objeto religioso. Que descubra en cada Crucifijo la prueba permanente de cuánto vale un alma a los ojos de Dios: allí está escrito el precio de nuestra redención; allí aparece la medida del amor que me tienes.

Cuando me asalte el desaliento, recuérdame la Cruz. Cuando me visite la tentación de pensar que estoy solo, recuérdame la Cruz. Cuando experimente el peso de mis pecados, recuérdame la Cruz. Cuando el sufrimiento de quienes amo me resulte incomprensible, recuérdame la Cruz.

Y cuando llegue para mí la hora de atravesar el último umbral, permite que mis ojos descansen una vez más en ese Corazón abierto del que brotaron sangre y agua, sacramentos de vida y fuentes inagotables de misericordia para la Iglesia. Allí quiero aprender lo que significa amar; allí quiero depositar mis esperanzas y mis temores.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Séptimo | 9 de Junio

Consideración para el día séptimo: El misericordioso Corazón de Jesús.

¡Oh suavísimo Corazón de Jesús, tesoro inagotable de riquezas celestiales, de cuya plenitud participan los que verdaderamente te buscan! Llena mi corazón de esa abundancia de gracias, y dame la de reparar las injurias hechas contra Ti ¡Oh amante Corazón! Y alcánzanos la gracia que te pido en esta novena para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón de Jesús Reparador

Corazón de mi Jesús, hoy deseo detenerme ante una palabra que durante generaciones fue familiar para tantos cristianos y que hoy se comprende menos: reparación. A primera vista podría parecer una palabra triste, como si la vida cristiana consistiera en permanecer mirando continuamente el pecado, la ingratitud o las heridas del mundo. Pero cuando se contempla desde la luz de Tu Evangelio, la reparación adquiere un significado muy distinto. No nace de la tristeza, sino del amor. No brota de una espiritualidad sombría, sino de la lógica misma de un corazón que ha descubierto cuánto ha sido amado.

Quien ama de verdad no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de la persona amada. Cuando alguien contempla Tu Pasión, cuando considera la indiferencia con que tantas veces eres tratado, cuando ve cómo tantos hombres viven como si Tu Encarnación, Tu Cruz, Tu presencia en la Santa Misa carecieran de importancia, surge espontáneamente el deseo de ofrecerte algo más que admiración. Nace el deseo de acompañarte. La reparación consiste precisamente en eso: en hacer compañía al Amor.

Pienso en aquellas horas de Getsemaní, cuando buscabas entre Tus discípulos una mínima participación en Tu agonía. No les pediste que resolvieran los problemas del mundo ni que comprendieran todos los misterios de la redención. Solamente preguntaste si podían velar contigo una hora. Aquella petición sigue resonando a través de los siglos con una delicadeza conmovedora. El Salvador del mundo, que sostiene las galaxias con Su poder, quiso mendigar el consuelo de la amistad humana. Hay en ello un misterio que sobrecoge.

Tú no necesitas nada de nosotros para ser infinitamente feliz en el seno de la Trinidad. Sin embargo, has querido tomarnos tan en serio que aceptas nuestras muestras de amor y permites que tengan un valor real ante Tu Corazón. Has querido que nuestras oraciones, nuestros sacrificios ocultos, nuestras adoraciones silenciosas y nuestras pequeñas renuncias se conviertan en una respuesta al exceso de amor que brota de Ti.

Por eso la reparación no es una carga añadida a la vida cristiana: es una consecuencia natural del amor. Del mismo modo que una madre permanece despierta junto a la cama de un hijo enfermo sin considerar aquello una obligación pesada, también el alma que ama busca espontáneamente maneras de consolar el Corazón de Cristo.

Cuántas veces, sin embargo, mi amor resulta superficial. Me conmuevo ante una imagen del Crucificado y poco después vuelvo a ocuparme exclusivamente de mí mismo. Escucho hablar de Tu entrega y continúo defendiendo con tenacidad mis pequeñas comodidades. Me emociona pensar en Tu generosidad y sigo calculando cuidadosamente cuánto estoy dispuesto a dar.

Frente a esa pobreza de mi respuesta, Tu Corazón sigue mostrándome una paciencia que no se agota. No exiges gestos extraordinarios. Te contentas muchas veces con cosas pequeñas: una visita al Santísimo cuando habría preferido regresar directamente a casa; una palabra amable cuando sería más fácil guardar silencio; una contrariedad aceptada serenamente; una oración hecha con fidelidad en medio del cansancio; una obra buena realizada sin esperar reconocimiento.

La verdadera reparación suele tener dimensiones humildes: se parece más al perfume derramado por María de Betania que a las grandes empresas humanas. Casi siempre permanece oculta, apenas deja huella visible, sin embargo, posee una fecundidad misteriosa porque entra en la corriente misma del amor redentor.

Mientras el mundo busca continuamente lo espectacular, Tú sigues concediendo una importancia inmensa a aquello que nace de un corazón sincero. Un vaso de agua dado por amor, una limosna discreta, una genuflexión hecha con recogimiento, un acto de paciencia ofrecido en silencio, pueden adquirir un valor inmenso cuando se unen a Tu sacrificio.

Quisiera aprender esa ciencia escondida de los santos. Ellos comprendieron que la santidad no consiste tanto en realizar acciones extraordinarias cuanto en realizar con extraordinario amor las cosas ordinarias. Descubrieron que el modo más eficaz de reparar las heridas del mundo era dejar que Tu amor transformara primero sus propios corazones.

Por eso no vengo hoy a ofrecerte grandes promesas. Conozco demasiado bien mi fragilidad. Prefiero pedirte algo más sencillo y más profundo: que me enseñes a amar. Si el amor crece, la reparación vendrá por sí misma. Si el amor se debilita, incluso los sacrificios más llamativos terminarán vaciándose de contenido.

Haz que mi vida se convierta poco a poco en una respuesta agradecida a Tu amistad. Que cada jornada, con sus alegrías y sus dificultades, pueda ser ofrecida como una humilde compañía al Corazón que nunca ha dejado de amar a los hombres. Y cuando llegue el momento de presentarme ante Ti, permita Tu misericordia que encuentre abiertas las puertas de aquel Corazón donde tantas generaciones de pecadores, de santos y de almas sencillas han encontrado refugio.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Octavo | 10 de Junio

Consideración para el día octavo: La llama gloriosa de tu Sagrado Corazón Señor.

¡Oh amorosísimo Corazón de Jesús, cuya generosidad no acabó con la muerte, pues te das vivo a todos en el Santísimo Sacramento! Concédeme que yo te reciba con tan inflamado amor, que seas siempre la vida de mi alma. Dame la gracia de reparar con dignas comuniones los ultrajes sufridos por Tí, ¡Oh amante Corazón!, en el Sacramento divino, y concédeme la gracia que te pido en esta novena para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón de Jesús, Rey y centro de las familias

Corazón de mi Jesús, al contemplarte en este día de la novena quiero presentarte nuestros hogares, porque pocas realidades humanas ocupan un lugar tan importante en Tu Evangelio. Tú quisiste nacer en el seno de una familia. Quisiste crecer bajo la mirada de una Madre y la protección de un padre virginal. Santificaste la vida doméstica con Tu presencia silenciosa y llenaste de una dignidad nueva las alegrías y las fatigas de cada hogar.

A veces se habla de la familia como si fuera simplemente una institución humana, una organización práctica para convivir o una estructura social necesaria para el funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, cuando la contemplamos a la luz de la fe descubrimos algo mucho más profundo. La familia es el lugar donde aprendemos a amar y a ser amados: allí pronunciamos nuestras primeras palabras, damos nuestros primeros pasos y recibimos las primeras lecciones sobre la confianza, el sacrificio, el perdón y la fidelidad.

Por eso el enemigo sabe muy bien dónde dirigir sus ataques. Cuando se hiere a la familia, se hiere también a la sociedad entera. Cuando se debilitan los vínculos familiares, el hombre queda más expuesto a la soledad, al desarraigo y a la desesperanza. Y cuando desaparece la referencia a Dios en la vida del hogar, incluso las relaciones más nobles terminan resintiéndose.

Tu Corazón conoce bien las alegrías y las dificultades de las familias. Conoces la ilusión de unos esposos que comienzan juntos una nueva vida, el cansancio de quienes trabajan para sacar adelante a sus hijos, las preocupaciones de las madres, los silencios de los padres, las lágrimas escondidas de los ancianos y las incertidumbres de los jóvenes. Nada de cuanto sucede entre las paredes de una casa escapa a Tu mirada.

Por eso acudo hoy a Ti llevando en mi corazón tantos nombres concretos. Te presento a quienes viven matrimonios felices y a quienes atraviesan momentos difíciles, a los padres que rezan por sus hijos y a los hijos que sufren por sus padres, a los enfermos, a los ancianos, a quienes se sienten solos, a quienes lloran una ausencia y a quienes luchan por mantener la paz en medio de circunstancias complejas.

Hay hogares donde reina la armonía y otros donde la convivencia se ha vuelto difícil. Hay familias profundamente unidas y otras marcadas por heridas antiguas que parecen no terminar de cicatrizar. Existen mesas alrededor de las cuales todavía se comparte la conversación y la alegría, mientras que en otras pesa el silencio de la distancia, del resentimiento o de la incomprensión. Tu Corazón tiene espacio para todas ellas. Ninguna situación humana es tan complicada que quede fuera del alcance de Tu gracia. Ninguna historia está definitivamente cerrada mientras Tú sigas llamando a la puerta. Ninguna herida es tan profunda que Tu misericordia no pueda sanarla.

Por eso te pido algo que quizá resulte más difícil que resolver muchos problemas materiales: derrama en nuestros hogares el espíritu del perdón. Hay palabras que nunca debieron pronunciarse y palabras que debieron pronunciarse hace mucho tiempo. Hay orgullos que se enquistan durante años y pequeños gestos de reconciliación que podrían devolver la paz a una familia entera. Muchas veces el sufrimiento no proviene de grandes tragedias, sino de pequeñas durezas repetidas día tras día.

Haz que aprendamos a mirarnos con más benevolencia. Que sepamos reconocer el bien que existe en quienes conviven con nosotros. Que no demos por supuesto el cariño de quienes nos aman. Que no reservemos nuestra mejor educación para los extraños mientras descargamos nuestro mal humor sobre los más cercanos.

Enséñanos a agradecer. La gratitud embellece la vida familiar. Quien agradece descubre continuamente motivos para la alegría. Quien sólo exige termina convirtiendo la convivencia en una carga pesada. Tú mismo pasaste largos años en Nazaret, compartiendo la sencillez de la vida cotidiana y enseñándonos que la santidad suele florecer precisamente allí donde se realizan con amor las tareas más ordinarias.

Quisiera pedirte también por tantos hogares donde ya no se reza. Hay casas llenas de comodidades y, sin embargo, profundamente vacías. Hay habitaciones iluminadas por toda clase de pantallas donde apenas queda espacio para el silencio, para la conversación serena o para la presencia de Dios. Sin Ti, incluso la abundancia puede terminar generando una extraña pobreza.

Vuelve a ocupar Tu lugar en nuestras familias. Siéntate de nuevo a nuestras mesas. Preside nuestras alegrías y acompaña nuestras pruebas. Haz que los esposos descubran la grandeza de su vocación, que los hijos aprendan a honrar a sus padres y que los mayores encuentren respeto, cariño y gratitud en los últimos años de su vida.

Y cuando lleguen los inevitables momentos de dolor, cuando la enfermedad visite una casa, cuando la muerte deje una silla vacía o cuando las lágrimas parezcan más abundantes que las palabras, permite que la familia encuentre refugio en Tu Corazón abierto. Allí comprenderá que el amor verdadero no desaparece, que la esperanza no defrauda y que la última palabra sobre nuestra historia no la tienen la separación ni la muerte, sino la promesa de la vida eterna.

Sagrado Corazón de Jesús, reina en nuestras familias, en nuestros hogares y en nuestros corazones.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

Novena al Sagrado Corazón de Jesús ~ Día Noveno | 11 de Junio

Consideración para el día noveno: Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra.

¡Oh afligísimo Corazón de Jesús, enteramente desamparado hasta de tu eterno Padre, pero siempre resignado a su voluntad! Concédeme que siga yo con tan vivos ejemplos, y fortalecido con tu gracia, sufra obedientemente los trabajos y aflicciones de la vida. Dame la gracia de reparar las ingratitudes hechas contra tí, ¡Oh amante Corazón!, concédeme la gracia que te pido en esta novena para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.

Te alabamos, te bendecimos y te adoramos Sagrado Corazón de Jesús, don infinito del Padre para la reconciliación de todos los hombres, fuente inagotable de gracia y misericordia. A ti buen Jesús acudimos para recibir tu bendición. Sabemos que conoces nuestras necesidades antes de que las solicitemos y cuándo y cómo es prudente que las recibamos, por eso ponemos en tus manos esta petición…

  • Pedimos la gracia que se desea obtener.

Te damos gracias Señor por escucharnos. Ayúdanos a conservar en nuestra mente y en nuestro corazón aquella Palabra que nos has dirigido hoy, para que como la semilla, crezca y dé fruto a su tiempo. Llena nuestro corazón con la fuerza y la alegría de tu Espíritu, conserva nuestras familias unidas en el amor y abre nuestras manos al hermano necesitado. Reina Señor en nuestra casa, en nuestros corazones, en nuestra patria y en el mundo entero.
Amén.

Padre Nuestro… – Ave, María… – Gloria al Padre

Sagrado Corazón de Jesús,
En Vos confío.

Oración al Corazón sacerdotal de Cristo

Corazón de mi Jesús, al acabar esta novena deseo contemplarte como Sacerdote. No como uno más entre muchos, sino como el único y eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, aquel en quien encontraron cumplimiento todas las figuras, todos los sacrificios y todas las esperanzas de la antigua Ley. Antes de que existieran los templos de piedra, antes de que ardiera el incienso sobre los altares de Jerusalén, antes incluso de que Abraham levantara su mano sobre Isaac en el monte de la obediencia, ya estaba presente en los designios del Padre el sacrificio perfecto que un día habría de ofrecer Tu Corazón.

Toda Tu vida fue sacerdotal: lo fue el silencio de Belén, la obediencia escondida de Nazaret, las jornadas de predicación y de fatiga por los caminos de Palestina, la soledad de Getsemaní. Lo fue, de manera suprema y definitiva, la entrega consumada sobre el altar de la Cruz.

Porque el sacerdote es aquel que une lo que estaba separado. Tiende un puente entre Dios y los hombres. Lleva hasta el cielo las súplicas de la tierra y hace descender sobre la tierra las bendiciones del cielo. Todo eso lo realizaste Tú de una manera infinitamente más perfecta de lo que jamás hubiera podido hacerlo criatura alguna.

Tu sacerdocio no consistió solamente en ofrecer algo: consistió en ofrecerte. El altar fue la Cruz; la víctima, Tú mismo; el fuego del sacrificio fue el amor. Y el templo donde todo se realizó fue Tu propio Corazón.
Por eso, cuando contemplo el misterio de Tu sacerdocio, descubro que la historia entera de la salvación puede resumirse en una sola realidad: el amor obediente del Hijo al Padre por la redención del mundo.

Nada hubo en Ti de búsqueda personal, de ambición o de interés propio. Todo estaba orientado a la gloria del Padre y a la salvación de los hombres. Cada palabra, cada milagro, cada paso y cada sufrimiento formaban parte de esa gran ofrenda que iba creciendo silenciosamente hasta alcanzar su plenitud en el Calvario.

Qué lejos se encuentra esa lógica divina de la mentalidad con que tantas veces vivimos. Buscamos poseer cuando Tú enseñas a entregarse, afirmarnos cuando Tú enseñas a servir, conservar cuando Tú enseñas a darse. Sin embargo, cuanto más se contempla Tu Corazón sacerdotal, más evidente resulta que la verdadera plenitud no consiste en acumular, sino en ofrecer.

La vida alcanza toda su fecundidad cuando deja de girar sobre sí misma. Por eso quisiera aprender de Ti el arte de la oblación. No me pides grandes gestos heroicos. La mayor parte de las veces la ofrenda se realiza en lo pequeño: en el deber cumplido con fidelidad, en una contrariedad aceptada serenamente, en una palabra prudente que evita una herida, en una oración mantenida cuando el alma atraviesa la sequedad, en la paciencia ejercida cuando nadie la ve. Todo puede convertirse en materia de sacrificio cuando se une a Tu sacrificio, todo puede adquirir valor eterno cuando se deposita dentro de Tu Corazón.

Pienso también hoy en los sacerdotes que continúan haciendo visible Tu presencia en medio del mundo. Cada vez que celebran la Santa Misa, cada vez que absuelven los pecados, cada vez que anuncian el Evangelio o acompañan a un moribundo, prolongan misteriosamente Tu propia acción sacerdotal. Conoces sus alegrías y sus luchas, la generosidad escondida de tantos que entregan la vida silenciosamente sin esperar reconocimiento alguno, las horas de cansancio, las decepciones, las soledades y las pruebas que acompañan con frecuencia al ministerio sacerdotal. Guárdalos dentro de Tu Corazón. Hazlos santos. Protégelos de la tibieza, del desaliento y de la mediocridad. Que nunca olviden que antes de ser administradores de Tus misterios están llamados a ser amigos de Tu Corazón.
Y concede a Tu Iglesia abundantes y santas vocaciones. Que no falten jóvenes capaces de escuchar Tu llamada y responder con generosidad; que en medio de un mundo ruidoso siga resonando aquella voz suave y exigente que invitó a los primeros discípulos a dejarlo todo para seguirte.

Al contemplar Tu sacerdocio eterno descubro una verdad llena de consuelo: mi salvación no depende únicamente de mi fragilidad ni de mis esfuerzos. Existe en el cielo un Sacerdote que intercede continuamente por mí. Existe un Corazón glorioso que presenta ante el Padre mis necesidades, mis combates y mis pobres intentos de fidelidad. Mientras ese Corazón siga latiendo de amor por los hombres —y latirá eternamente— siempre habrá esperanza porque siempre habrá misericordia. Siempre habrá un camino de regreso porque siempre habrá gracia suficiente para recomenzar.

Por eso deposito hoy mi vida, mis trabajos, mis alegrías, mis sufrimientos y mi futuro dentro de Tu Corazón sacerdotal. Allí todo encuentra sentido. Allí todo queda purificado. Allí todo puede transformarse en ofrenda agradable al Padre.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

GOZOS

Pues eres de nuestro amor el más tierno y dulce encanto.
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

I
En este Pan, escondido
se encuentra tu corazón
para dar paz y perdón
al que llega arrepentido;
escucha, pues, el gemido
que eleva el alma; entre tanto,
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

II
Esta Cruz es el emblema
de tu ternura y amor,
asilo del pecador,
consoladora en la pena;
y por esto el alma llena
de gratitud, alza un canto:
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

III
Con la corona ceñido
de espinas, tu Corazón
nos muestra la compasión
que por el hombre has tenido,
y por eso nuestro olvido
te hace sufrir, ¡oh amor santo!
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

IV
Con una lanza atrevida
abrió el soldado tu pecho,
y allí nos das el derecho
de ir a buscar acogida;
por esto el alma afligida
cambia en gozo su quebranto.
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

V
De tu entreabierto costado
brota a torrentes la vida;
en Él encuentra acogida
el triste, el desamparado;
por eso el que te ha gustado,
te dice lleno de encanto:
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

VI
Más no tan solo el Costado
la cruel lanza desgarró;
a tu Corazón llegó
dejándolo atravesado.
"Oh, cuánto, Jess amado,
te debe mi alma! Por tanto,
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

VII
Aquí en su sacramento
tu Corazón palpitante
nos brinda, Jesús amante,
el más sabroso alimento;
eres de amor el portento
que asombra al mundo y por tanto,
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

VIII
Conociendo tu ternura
¿cómo puede el pecador 
abandonarte, Señor,
por buscar a la criatura?
venga, pues, toda alma pura
y diga bañada en llanto:
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

IX
Por las penas interiores
de tu amante Corazón
haz que en santa contrición
te busquen los pecadores;
escucha nuestros clamores
y pon fin a nuestro llanto.
Que todos los hombres te adoren Corazón amable y santo.

ORACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Inmaculado Corazón de María, obra maestra del Espíritu Santo y reflejo purísimo del Corazón de tu Hijo, llévanos a Jesús.

Tú que guardabas todas sus palabras en tu corazón, enséñanos a escucharle. Tú que permaneciste junto a la Cruz cuando muchos huyeron, enséñanos a permanecer fieles. Tú que conociste como nadie las alegrías, los silencios, los sufrimientos y los secretos del Corazón de Cristo, introdúcenos en su intimidad.

Que durante esta novena aprendamos a amarle con algo de tu pureza, a servirle con algo de tu humildad, a seguirle con algo de tu fidelidad. Y cuando termine nuestra peregrinación terrena, condúcenos hasta aquel Corazón abierto que será para siempre nuestra patria, nuestro descanso y nuestra bienaventuranza.

Amén.

Ave, María

ORACIÓN FINAL

Rendido a tus pies, oh Jesús mío. Te pido humildemente amarte, servirte y serte fiel. Mira que soy pobre, oh buen Jesús, soy débil y necesito apoyarme en ti para no caer.
A las puertas de tu corazón, vengo, llamo y espero, oh Señor. Y del mío te hago decidida entrega. Tómalo y dame a cambio lo que me lleve a la eternidad, oh Señor.
Señor, quiero hacer tu voluntad y Tú me dices: “Ánimo, no temas, que soy yo”. Oh, Sagrado Corazón, se todo para mí, no busque yo consuelo más que en ti.
Se Tú mi refugio, quiero esconderme en tu corazón. Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Amén.

BENDICIÓN FINAL

   Dulce Madre, no te alejes, tu vista de nosotros, no apartes, ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes; y ya que nos amas tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga: el Padre, el Hijo , y el Espíritu Santo. Amén.